The Post Rocker

Empecinados en descifrar el Rock del Futuro

De gavilanes y pedales: experimentación musical en Chile

Analizamos las vicisitudes de la escena nacional, el sacrificio de todos aquellos que, movilizados por un genuino entusiasmo, reúnen el temple para sortear la siempre insuficiente difusión, el costoso equipamiento, la forzosa autoproducción y el por momentos, escaso sentido de cooperación.

Hacer música en Chile no es algo sencillo, esto es extensivo a una larga lista de actividades en un país pequeño, sectario y muchas veces mezquino. Por eso es difícil contemplar cómo en diferentes contextos lo colectivo cierra la cortina en pos de una especie de individualismo grupal que parece haberse instalado en nuestra alma mater, donde proliferan las oportunidades de negocio y los nichos de mercado en pos de consignas de modernidad y pragmatismo.

Tiempo pasado

Este escaso sentido de la solidaridad no siempre fue un rasgo identitario. Paradójicamente, hace algún tiempo lo colectivo era socialmente aceptado, es más, se pregonó con bastante efervescencia, y aunque esa es otra historia, es interesante como el colectivismo artístico chileno, abortado en quizás una de las mejores épocas de desarrollo cultural latinoamericano, logró legarnos joyas notables. ¿Habrá pensado Violeta Parra que muchos músicos contemporáneos reconocen su canción El Gavilán como uno de los primeros ensayos de math Rock en la historia?

Contexto y actualidad

Sucede que pareciera que la profesionalización de la carrera musical en nuestro país tiene un costo para todos aquellos que ambicionan transgredir los paradigmas: transar ese romanticismo creativo para ser aparejado a ciertos cánones estructurados. Por cierto que para algunos resultará algo no tan terrible si se evalúan los potenciales réditos: difusión, escena, y porque no, internacionalización. Géneros, como el punk, el metal y el hip-hop, ostentan una figura mucho más autárquica que ha devenido, dadas las nuevas tecnologías de información, en una meta-escena que presenta sus propios recursos para subsistir. Pero, ¿Qué pasa con ese ingenuo puñado de músicos determinados a hacer otro tipo de música?

Para saber por qué para muchas bandas de Post Rock la vía de difusión sea mucho más factible y expedita en revistas internacionales que visibilizan bandas a través de canales de youtube como Wherethepostrockwells, Post-Rock, The Siren Sound, Postrock Discovery, entre otras; tenemos que identificar justamente como nuestro pequeño e inmaduro mercado musical sobrevive: apelando a fenómenos, o dicho de otra forma, reproduciendo casos de éxito. En lo práctico, las condiciones del mercado coaccionan a los sellos tradicionales y productores musicales a irse a lo seguro porque claro, nadie quiere invertir en un mal negocio. Lo que queda es arrimarse al mecenazgo, el crowdfunding, la autogestión. Apretar los dientes y confiar que todos esos esfuerzos algún día valgan la pena.

La realidad

Porque sí, la cosa esta más menos cuesta arriba. Actualmente las aspiraciones de difusión en medios tradicionales se enmarcan dentro secciones de carácter anecdótico que buscan responder a un oyente subestimado, usualmente considerado “nicho”. A esto, se suma la creencia de que todos quienes consumen Post Rock y música experimental en general, están insertos en un circuito de músicos para músicos, pero la realidad dista del mito: si bien un porcentaje de conjuntos cuenta con algún integrante con estudios profesionales, sea de composición, o producción; el grueso de la escena no cuenta con ningún tipo de apoyo, estudios, ni glamour, aunque es cierto que el odioso divismo prolifera en algunos músicos sin importar el género al que pertenezcan. Pero la consigna es clara. No hay cabida para divismos en una escena emergente, el apoyo colectivo es fundamental para visibilizar una escena que comienza a emerger y a madurar silenciosamente, produciendo más y mejores exponentes y generando cada día más adeptos.

El futuro y más allá

A más de 20 años de que se acuñara el término post rock el sello Le Rock Psicophonique, ha logrado enviar consecutivamente al Dunk!Festival (Bélgica) a dos exponentes nacionales del género: Baikonur (el 2016), y La Ciencia Simple (el 2017), signo de que la escena local es exportable y tiene un futuro por delante. Seguramente pase algún tiempo para que alguna banda nacional pueda ser competitiva en términos comerciales, no a los niveles del mainstream ciertamente, pero sí lo suficiente para alentar a sellos y productores profesionales a salir de su zona de confort, y comenzar a apostar por la nueva camada de música experimental nacional. Nada ingenuo si consideramos que mientras divagamos sobre esto, los productores de la venida de Sigur Rós se soban las manos tras vender la totalidad de las entradas disponibles en alrededor de una semana. Sería pertinente preguntarnos si los islandeses podrían haber florecido en nuestro medio, sobre todo considerando que su disco debut, Von (1997), es prácticamente un drone interminable de sonidos etéreos con algunos escasos pasajes instrumentales.

Entonces, ¿Qué podemos esperar para los próximos años? ¿Podría una banda nacional de Post Rock convertirse en un fenómeno de ventas? Las interrogantes están abiertas. Desde esta humilde tribuna me atrevo a decir que el trabajo, la cohesión y la cooperación serán claves para sacar adelante la tarea. 

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  1. scolt walker

    critican de que en chile se dedican a repetir un genero de forma homogenea , bueno lo mismo pasa con el postrock , todos quieren sonar como the explosion in the sky y repetir el estadillo ultra-trillado de las guitarras agudas y eso no aporta nada nuevo tampoco.

    • thepostr

      tienes un punto, es cierto que muchas bandas caen en ciertos cliches, pero eso no las hace más accesibles a la industria, mas o menos a eso se refiere el artículo.

  2. Gorgoritos

    Le rock psicophonique la llevan, le han hecho bien a la escena nacional, armando fechas y apañando a bandas que no tienen cabida en ningún lado, menos para convencer a un local de que los deje tocar. Lo mismo Fusión, que ha traído a Mono, Tortoise, Terry Riley y probablemente nos sigan sorprendiendo.
    Chile tiene exponentes de post a nivel mundial, y la gracia de esta música es que traspasa barreras. Baikonur, La Ciencia Simple y Tortuganonima son muy buenos y se nota el profesionalismo, además del evidente talento, que en Chile nunca ha faltado. Ojalá sigan surgiendo nombres nuevos y se acabe el chaqueteo, en especial de otros músicos que le dedican más tiempo a la selfie y a la crítica que a tocar.

  3. Roderick Adasme

    de las bandas y grupos de post rock chileno que he tenido la oportunidad de escuchar siempre me ha cautivado el profesionalismo y la creatividad. en el sentido de que existe una preocupación por difundir El propio estilo de la mejor forma posible, y esto se puede notar en cada uno de los show autogestionados. Una combinación del esfuerzo y el talento musical los show que nacen de esta forma tienen una magia distinta que se aleja de la moda y se convierte en pasiones concretadas me atrevo incluso a decir que el estilo instrumental por sí solo es auténtico en cada banda que no y estas no tienen nada que envidiar a una banda extranjera. A quienes de verdad le interese el post rock y en realidad experimentar la vibración de sus sonidos los invito a acercarse a escuchar a dejarse sorprender. una cosa esencial para ver algo crecer es el apoyo si no de alguna gran industria musical que sea de las personas. Aguante el post rock a nivel nacional e internacional como medio de expresión humana.

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