En The Post Rocker nos reservamos un instante para divagar sobre la nicotina instrumental de Greg González.

Ha estas alturas es difícil que no hayas escuchado al menos a la pasada sobre Cigarettes After Sex, quizás la banda dreampop del momento, y aunque suene conveniente, poco podemos mencionar que no se haya dicho acerca del meteórico ascenso de la banda oriunda de Texas.

Una frase de Julio Cortázar reza: “Como no sabías disimular me di cuenta enseguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos.” -en ánimo de referir que ciertamente, no existe mejor forma de construir un ideal estético más que a través de la perversión de los mecanismos de la memoria y la contemplación imaginaria de una perfección acomodadiza. 

Sucederá quizás que por momentos, la permanente banalidad diaria transcurre sin mayor sentido hasta que de pronto, el destino y sus deidades, abstraídas de todo sentido del importuno, abren fuego cual francotirador, disparando instantes fugaces de brillantez que gradualmente combustionan en tragedias personales, intensas, silenciosas, y mientras los lutos personales se reproducen en el anfiteatro de nuestra conciencia, la tenue voz reverberada de Gonzalez ameniza esa melancolía a través de ecos que se suspenden en el aire cual partículas de nicotina.

Cariño, soy un bombero‍, atrapado en una casa ardiendo. Y lo único que veo… es que no hay salida‍, excepto ver nuestro amor morir‍…

Cigarettes After Sex – Firefighter

Esa propuesta letárgica e incondescendiente, heredera de aquel sadcore noventero profesado principalmente por Mazzy Star, The Sundays, Red House Painters, entre otros, reproduce un sonido consistente tanto en vivo como en estudio. Y es que CAS no pretende levantarte del asiento, ni reventarte los tímpanos. Prefiere susurrarte al oído y llevarte a un estado especial, y para bien y para mal lo logra a la perfección.

CAS parecen tener esa llave secreta que abre la cerradura del tiempo detenido, aquel donde todo es jodidamente hermoso, sólo por un instante. Es Cortázar cerrando los ojos, contemplando el glamour del erotismo, el desamor y la locura.