La banda santiaguina de post-rock publicó su anticipado segundo disco tras cinco años de silencio en el estudio.

¿Cómo una banda puede instalarse tan bien en el inconsciente colectivo con tan solo un disco a su haber? En verdad, no se trata de un fenómeno extraño, ni siquiera en el mundo de la música underground. A American Football le funcionó, y también es el caso de los ingleses de Yndi Halda, quienes sobrevivieron durante casi una década con sólo un álbum hasta el 2016.

Y aunque en menor tiempo, ¿Quién vigila al hombre cansado? (2013) se transformó en el caballito de batalla de Baikonur, este quinteto instrumental santiaguino que logró incluso transformarse en la primera banda chilena en ser invitada al cartel del Dunk!Fest en Bélgica, el festival de post-rock (y derivados) más importante del mundo, hace ya tres años.

Así, con un nombre formado no sólo en Chile, sino que también en el extranjero, Baikonur dio noticias de vida el año pasado anunciando que estaban trabajando en “algo nuevo”. Y ese algo nuevo era Nihil Per Saltum, su segundo disco de estudio.

Lanzado oficialmente el 15 de junio, este álbum alberga ocho nuevas canciones unidas por un tema filosófico/literario en común. Cuando se traduce el nombre del disco, que proviene del latín, encontramos algo así como “nada por salto” (nihil = nada, per saltum = por salto), lo que hace claras alusiones a la evolución. O sea, todo se trata de un proceso del cual no se puede escapar.

Si no me creen, adentro de la edición física del álbum en CD se puede leer la referencia que los mismos músicos instalaron como guiño para sus seguidores: “Las ideas fundamentales de Nihil Per Saltum están inspiradas en los trabajos de Arthur C. Clarke e Isaac Asimov”. Y si usted no es mucho de leer, le aclaramos que se trata de dos visionarios autores de ciencia ficción cuyos temas usuales bordeaban el avance de la sociedad y la robótica (¿le suena Yo, robot o El hombre bicentenario?).

Y esta temática queda clara desde un principio con Prometeo, pista que abre el recorrido futurista por un disco que arriesga mucho más que su predecesor y que incluye de manera más notoria el trabajo de los teclados y los sintetizadores, todo de mano de Carlos Astorga.

El álbum se alimenta de un dinamismo similar al de sus colegas de sello, La Ciencia Simple; ritmos irregulares y temas en métricas que se escapan del tradicional 4/4 para dejar más espacio a los breakdowns que tanto aman los fans del math rock. En ese sentido, aquí Baikonur se la aleja por completo de la etiqueta minimalista de otros conjuntos más “tradicionales” como This Will Destroy You o Sigur Rós y que pudimos ver en algún momento en su aclamada pieza Cuestiones Positivas, de su disco anterior.

Los ritmos vertiginosos se apoderan cada vez más de Per Saltum en la medida en que se presentan temas como Petricor o Versus Kaspárov, una de las mejores composiciones de la entrega y que vuelve a poner sobre el tapete el fetiche del quinteto con las referencias rusas.

Pero luego cae Nihil Per Saltum Pt. II, un pequeño descanso ambiental acompañado de un sample y que marca la mitad de su viaje al futuro. A este le sigue Santiago ÉpsilonVoight-Kampff y Karellen, el primer sencillo y que pudimos oír en octubre del año pasado como una degustación de lo que sería esta obra.

Con ciertos toques que recuerdan a Mogwai y su faceta más electrónica en Rave Tapes (2014), Karellen es quizás el tema más plano del disco, pero también el mejor construido: posee una identidad clara y propone un sonido más novedoso que los demás. Parte de la responsabilidad de que esta pieza sea tan efectiva recae en el bajista Marcelo Venegas, quien sin hacer alarde de riff virtuosos o “acrobacias” musicales, permite apoyar el marcado ritmo la canción y construir una armonía suficientemente densa como para que esta se quede pegada en la oreja del público.

En ese tono medio apocalíptico, el disco se despide con El Fin de la Infancia, que con algo de gusto a poco concluye sin mucho aspaviento, cerrando el ciclo de 52 minutos en lo que pudo ser más espectacular de lo que realmente fue.

En ese sentido, Nihil Per Saltum es una buena secuela y advierte mayor madurez que su predecesor, ofreciendo grandes piezas como las mencionadas KaspárovKampff o Karellen, pero quedando al debe con otras que no pasan de ser las típicas canciones de post rock.

Se destaca, por sobre todo una energía que pocas bandas logran transmitir verdaderamente en sus grabaciones. Baikonur es una banda que funciona muy bien en vivo, como en estudio, y eso se agradece hoy en día. Pareciera ser que esta evolución tecnológica que Nihil Per Saltum profetiza a través de las palabras de Clarke y Asimov le ha sentado bien a este famoso quinteto local. Esperamos que sigan evolucionando.

*Baikonur presentará su nuevo disco este miércoles 27 de junio en la Sala SCD de Plaza Egaña, La Reina a las 20:00 horas. Las entradas tendrán un costo de $3.000 en preventa vía Eventrid (https://www.eventrid.cl/eventos/scdegana/ciclo-le-rock-presenta-baikonur-en-sala-scd-egana) y $5.000 el día del evento.

También pasarán por Concepción el viernes 29 del mismo mes en la Casa de Salud con entrada liberada hasta las 00:00.